La imagen del presidente Javier Milei volvió a mostrar signos claros de deterioro en la opinión pública. Según un sondeo difundido en las últimas horas, el 53,7% de los argentinos evalúa de manera negativa su gestión, frente a un 38,8% que mantiene una valoración positiva.
El estudio, elaborado por la consultora OK Media en marzo de 2026, presenta un alcance nacional con representación tanto del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) como del interior del país, y cuenta con un margen de error de ±2,9%, lo que le otorga solidez metodológica dentro de los estándares habituales.
Los números configuran un escenario complejo para el oficialismo: más de la mitad de la población desaprueba la gestión, marcando una tendencia que sugiere desgaste en la figura presidencial.
El foco en Adorni: presión creciente dentro y fuera del oficialismo
Uno de los aspectos más contundentes del informe se centra en la situación de Manuel Adorni. Los resultados reflejan un nivel de rechazo significativo: el 73,6% de los encuestados considera que debería renunciar, mientras que apenas un 20,8% sostiene que debería continuar en su cargo. Un 5,6% no supo o no respondió.
El dato no solo evidencia una fuerte presión social, sino que también enciende una señal de alerta dentro del propio espacio oficialista. La desagregación de los resultados revela una fractura incluso entre los sectores más afines al Gobierno.
Entre quienes tienen una imagen positiva de la gestión de Milei, un 30,3% cree que Adorni debería dejar su cargo, mientras que el 67,2% considera que debe continuar. Este dato resulta particularmente significativo, ya que muestra que el cuestionamiento hacia el vocero no se limita a la oposición, sino que permea incluso en el núcleo de apoyo del Ejecutivo.
El impacto del caso Libra en la percepción pública
Otro eje central del estudio es el análisis del denominado caso Libra y su efecto sobre la imagen presidencial. La encuesta indica que el 65,7% de los consultados siguió las últimas novedades del escándalo, frente a un 34,3% que manifestó no conocerlo o no haberlo seguido.
Dentro del grupo que sí está al tanto del caso, los resultados son contundentes:
- 61,3% considera que el caso perjudica la imagen de Milei
- 31,7% opina que no la afecta
- 7% no toma posición
El dato más sensible para el oficialismo surge al observar la percepción dentro de su propia base de apoyo. Incluso entre quienes mantienen una imagen positiva del Presidente, un 24,5% admite que el caso Libra le provoca un daño político. Este indicador refleja una erosión que no solo proviene del electorado crítico, sino que también alcanza a sectores que hasta ahora sostenían una visión favorable del Gobierno.
Un escenario de desgaste multifactorial
La combinación de variables que presenta el estudio configura un panorama de creciente complejidad para la administración de Milei. Los principales indicadores pueden sintetizarse en los siguientes puntos:
- Desaprobación mayoritaria de la gestión presidencial (53,7%)
- Amplio rechazo a la continuidad de Adorni (73,6%)
- Alta visibilidad del caso Libra (65,7%)
- Percepción mayoritaria de impacto negativo del escándalo (61,3%)
Estos elementos no operan de manera aislada, sino que se potencian entre sí, generando un efecto acumulativo de desgaste político.
Conclusión: señales de alerta para el oficialismo
Los datos relevados por OK Media delinean un cuadro que trasciende una simple caída en los niveles de aprobación. Se trata de un escenario donde convergen la erosión de la imagen presidencial, la crisis en figuras clave del entorno y el impacto de un escándalo de alto conocimiento público.
El hecho de que parte del electorado favorable al Gobierno comience a expresar dudas —tanto sobre la continuidad de Adorni como sobre el impacto del caso Libra— introduce un elemento adicional de preocupación. No se trata únicamente de una disputa con sectores opositores, sino de fisuras que comienzan a evidenciarse dentro del propio espacio de respaldo.
En este contexto, el oficialismo enfrenta el desafío de recomponer su narrativa, contener el desgaste y redefinir su estrategia política, en un escenario donde los indicadores de opinión pública marcan una tendencia que, de profundizarse, podría tener consecuencias de mayor alcance.