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El despliegue incluye helicópteros artillados y vehículos blindados, con apoyo logístico internacional. 

Durante su columna en Infobae al Mediodía, Andrei Serbin Pont examinó la magnitud del despliegue, las capacidades militares movilizadas y las dificultades de operar en un territorio dominado por grupos armados. La dimensión de la misión, señaló, también abre una discusión sobre la proyección internacional del modelo de seguridad salvadoreño.

La participación de El Salvador comenzó con el envío de 125 técnicos de aviación destinados a evacuar heridos en helicóptero. El escenario cambió tras el secuestro de cuatro integrantes del personal militar, de quienes no había noticias desde el 18 de octubre. A partir de entonces, el gobierno salvadoreño amplió su presencia y movilizó recursos para una operación de mayor envergadura.

La cantidad de efectivos desplegados sobresale frente a la presencia internacional en el país. “Hoy El Salvador tiene más tropas en Haití que la totalidad del contingente de Naciones Unidas que está ahí”, afirmó Serbin Pont. Según las cifras, el contingente salvadoreño se ubica entre los 2.000 y los 2.500 militares.

Uno de los focos de la operación es Santo, al este de Puerto Príncipe, una zona marcada por la presencia de organizaciones armadas. El objetivo declarado es localizar a los cuatro secuestrados, aunque la escala del operativo plantea interrogantes sobre las dimensiones que podría adquirir la intervención.

Helicópteros artillados y apoyo internacional

Entre los principales recursos desplegados figuran helicópteros MD-500 equipados para misiones de reconocimiento y apoyo a las tropas terrestres. Según detalló Serbin Pont, las aeronaves cuentan con lanzacohetes de 70 milímetros y una ametralladora rotativa de calibre 7,62 milímetros.

La operación también depende de una estructura logística internacional. Mientras los helicópteros pertenecen a las fuerzas salvadoreñas, otros países colaboran con aeronaves para trasladar personal y equipamiento. Durante la columna se mencionaron aviones C-130 y distintos transportes militares y comerciales, además de asistencia de Colombia y Estados Unidos. La República Dominicana funciona como punto de apoyo para parte de los movimientos aéreos.

El respaldo internacional y el aval de las autoridades haitianas facilitan el despliegue, pero no eliminan los riesgos de operar en sectores controlados por organizaciones armadas. La posibilidad de enfrentamientos y la necesidad de coordinar las operaciones terrestres con el apoyo aéreo elevan la complejidad de la misión.

A las dificultades tácticas se suma el desafío de sostener una fuerza numerosa fuera de su territorio. El abastecimiento, el combustible, la protección y la atención médica son algunos de los requerimientos que El Salvador deberá resolver mientras dure el operativo.

“Desplegar a 2.500 personas fuera de tu frontera, con helicópteros, con blindados, teniendo que alimentarlos, darles seguridad, darles atención médica, es todo un desafío”, advirtió Serbin Pont. El analista también señaló que las características del escenario hacen posible que haya bajas entre los militares salvadoreños.

¿Puede Bukele proyectar su modelo de seguridad fuera de El Salvador?

Más allá del rescate, el despliegue plantea una pregunta política: si la intervención puede convertirse en un precedente para extender la participación salvadoreña en operaciones contra organizaciones criminales en otros países.

“Esta sería la primera vez que el modelo Bukele sale de El Salvador y pasa a aplicarse en otro país en términos literales”, sostuvo Serbin Pont. La distinción es relevante: no se trata necesariamente de que Haití adopte las políticas de seguridad salvadoreñas, sino de que el gobierno de Bukele intervenga directamente con sus fuerzas en otro territorio.

El resultado del operativo podría influir en la proyección internacional del presidente salvadoreño. Un rescate exitoso reforzaría la imagen de capacidad operativa de sus fuerzas; una intervención prolongada, con bajas o sin resultados concretos, expondría los límites de trasladar esa experiencia a un escenario con características institucionales y de seguridad diferentes.

Por ahora, el objetivo declarado es recuperar a los cuatro soldados. La incógnita es si la operación terminará una vez cumplida esa meta o si dará lugar a acciones más amplias contra las pandillas que controlan sectores de Puerto Príncipe. Esa definición determinará el alcance de la intervención y sus consecuencias militares y políticas para el gobierno de Bukele.

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