
Una historia que combina fe, medicina y emoción volvió a poner en primer plano la figura de Fray Mamerto Esquiú, luego de que se conociera el caso de Emma, una niña de San Miguel de Tucumán que logró recuperarse de una grave infección ósea. El hecho ocurrió tras un cuadro crítico que puso en riesgo su salud, fue acompañado por médicos y su familia, y es considerado por la Iglesia como un milagro atribuido al fraile catamarqueño. El caso se remonta a los primeros días de vida de la niña, cuando presentó una infección severa que comprometía su cadera y el fémur. Según relató el equipo médico, el cuadro era complejo y requería intervenciones urgentes. “Era una infección tremenda, generalizada en toda la pierna”, explicó uno de los profesionales que intervino en su tratamiento a Canal 13 en un especial de "milagros argentinos".
La madre de Emma contó que el traumatólogo le dio una estampita del franciscano, con la que ella pidió por su hija. "Le hicimos la oración y mi hermana le pasaba la estampita por la pierna", explicó. A partir de allí, el caso comenzó a mostrar una evolución inesperada. Los estudios médicos posteriores evidenciaron una recuperación que sorprendió incluso a los especialistas. “Esto no puede ser, este es un milagro”, expresó el profesional al observar los resultados, en una afirmación que luego sería clave en el proceso eclesiástico.
La madre de la niña también describió el proceso desde lo emocional. En medio de la angustia, aseguró que recurrió a la oración sin tener “nada para ofrecer”, más que la fe. Con el paso de los días, la evolución clínica cambió drásticamente: en menos de dos semanas, los estudios mostraban valores cercanos a la normalidad. El caso fue evaluado en el marco del proceso de beatificación de Esquiú, donde se analizan hechos considerados “médicamente inexplicables”. En ese sentido, el testimonio de los profesionales de la salud resultó determinante. Uno de ellos sostuvo que, de no haberse producido la recuperación, el tratamiento previsto incluía una amputación. Con el paso del tiempo, la niña logró llevar una vida normal. “Verla correr, salta, es el mayor testimonio”, expresó una familiar, en una cita híbrida que sintetiza el impacto del caso en su entorno. Actualmente, la historia continúa generando repercusión tanto en ámbitos religiosos como en la comunidad en general. Mientras la ciencia no encuentra una explicación concluyente, para la familia el hecho es claro: se trató de una intervención extraordinaria vinculada a la fe.