La ciudad turca de Iznik, en el corazón del Asia Menor, fue este viernes escenario de un momento de alto contenido simbólico para el cristianismo. Allí, donde hace exactamente 1700 años tuvo lugar el Primer Concilio de Nicea —el hito que definió por primera vez un credo común para toda la Iglesia—, el papa León XIV encabezó una oración ecuménica en ruinas que hoy apenas conservan la memoria de aquel acontecimiento fundacional.

El pontífice estadounidense viajó a Turquía para cumplir una promesa pendiente de Francisco, quien había proyectado peregrinar a este sitio histórico antes de su renuncia. Desde que fue elegido, León XIV se comprometió a retomar ese gesto, y lo concretó durante su primera gira internacional.

Nicea ya no existe como tal. Apenas quedan restos arqueológicos de la basílica de San Neófito, un templo cristiano de 1600 años que quedó bajo las aguas del lago tras un terremoto y que recién fue descubierto en 2014 mediante fotografías aéreas. Fue allí, a orillas del espejo de agua que rodea a la actual Iznik —una ciudad agrícola de 20.000 habitantes— donde el Papa aterrizó en helicóptero y pronunció un enérgico llamado a la unidad cristiana.

Unidad frente a un mundo fracturado

León XIV situó su mensaje en el mismo lugar donde, en el año 325, unos 300 obispos del Imperio Romano se reunieron convocados por el emperador Constantino para resolver las disputas teológicas que amenazaban la cohesión de la Iglesia. "En una época dramática, en la que la dignidad humana se ve continuamente amenazada, debemos superar el escándalo de las divisiones", sostuvo con firmeza, hablando en inglés.

El Papa subrayó que cuanto más reconciliados estén los cristianos, "más creíble será nuestro testimonio del Evangelio de Jesucristo, anuncio de esperanza y fraternidad universal que atraviesa las fronteras de las comunidades y las naciones".

Aseguró además que la reconciliación no es solo un desafío interno para las Iglesias, sino un clamor de un mundo marcado por la violencia y los conflictos: "El deseo de comunión entre los creyentes siempre va acompañado de la búsqueda de fraternidad entre todos los seres humanos".

Nicea, el origen del Credo 

El sitio elegido para este mensaje no fue casual. En Nicea se celebró el primer gran concilio ecuménico, convocado para poner fin a la controversia arriana. Arrio, un sacerdote de Alejandría, sostenía que Jesús no era de naturaleza divina, una visión que provocó tensiones teológicas y políticas. El Concilio rechazó esas ideas y formuló el Credo de Nicea, aún vigente en las liturgias cristianas del mundo.

León XIV, que desde su elección denunció la "nueva forma de arrianismo" que reduce a Cristo a un líder moral, volvió a advertir sobre ese peligro. "Convertir a Jesucristo en un superhombre o un simple referente carismático conduce inevitablemente a la confusión", afirmó.

Un gesto ecuménico en un país musulmán

A la ceremonia asistieron decenas de líderes cristianos, entre ellos el patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé I. El gran ausente fue el Patriarcado de Moscú, que no envió representantes debido a su conflicto con Constantinopla por la independencia de la Iglesia ortodoxa ucraniana.

En una Turquía casi enteramente musulmana y donde ya no queda ningún templo cristiano en pie en Iznik, la presencia del Papa no generó movilizaciones masivas. Apenas algunos curiosos se agolparon en los techos de los restaurantes cercanos, mientras estrictas medidas de seguridad controlaban la zona. En un momento, el canto del muecín de una mezquita cercana marcó el contraste entre la historia cristiana del sitio y su realidad actual.

Más temprano, en Estambul, León XIV había sido recibido con entusiasmo por la comunidad católica en la catedral del Santo Espíritu y visitó un hogar de ancianos administrado por las Hermanitas de los Pobres. Más tarde se reunió con el gran rabino de Turquía, David Sevi.

Para muchos fieles, la visita fue profundamente significativa. Alfonso Samuner, un docente argentino radicado hace ocho años en Estambul, relató que el Papa saludó afectuosamente a un niño discapacitado que lo acompañaba: "Nos transmitió una enorme paz. Fue un gesto muy conmovedor".

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