El escenario económico de la Argentina enfrenta un nuevo desafío de cara al consumo básico de los hogares. Durante el cierre del año 2025, el mercado de la carne vacuna ha mostrado una dinámica de precios que genera una señal de alerta en la canasta familiar. Según los datos relevados por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna de la Argentina (IPCVA), este producto esencial para la dieta local ha experimentado un incremento que no solo es elevado en términos nominales, sino que se ha disociado drásticamente del resto de los indicadores macroeconómicos del país.

Uno de los puntos más críticos del informe radica en la brecha existente entre el aumento de la carne y el índice general de precios. Mientras que el Indec midió una inflación del 31,5% para el total del año 2025, el precio de la carne aumentó un 69,8% en diciembre respecto al mismo mes del año anterior. Esto significa que el porcentaje de aumento del producto más que duplicó, y de hecho superó con creces, a la inflación general anual.

Este fenómeno de encarecimiento relativo se vuelve más complejo al analizar la capacidad de compra de la población. La evolución de los ingresos ha quedado significativamente rezagada frente a las pizarras de las carnicerías. De acuerdo con el ente estadístico oficial, entre enero y noviembre se registraron las siguientes variaciones salariales:

Salario público: registró una suba del 29,8%.

Salario privado: varió un 29,1%.

Ambos indicadores se sitúan más de 40 puntos porcentuales por debajo del incremento anual de la carne, evidenciando una pérdida directa del poder adquisitivo en términos de consumo proteico para los trabajadores.

Radiografía técnica de los aumentos

La metodología aplicada por el IPCVA para este informe contempló un relevamiento exhaustivo realizado durante la primera y la tercera semana de diciembre. La muestra incluyó:

AMBA: 80 carnicerías y 40 supermercados.

Interior: 30 carnicerías y 15 supermercados en Córdoba, sumados a otros 30 puntos de venta y 15 supermercados en Rosario.

Los resultados arrojan que el aumento promedio de la carne fue del 11% solo en comparación con noviembre previo. Si se analiza el periodo acumulado entre enero y diciembre, la variación total fue del 65,3%. Dentro de las categorías de hacienda, el novillito fue el que lideró la tendencia alcista con un incremento del 11,6% respecto al mes anterior.

El impacto del aumento no ha sido uniforme, concentrándose con mayor fuerza en los cortes más demandados y en las zonas geográficas más vulnerables. En diciembre, el asado fue el producto que encabezó las subas con un salto del 14,4%, pasando de $13.405 por kilo en noviembre a $15.340 en el último mes del año. Le siguieron el matambre, que se disparó un 13,9% (de $13.875 a $15.802), y el vacío, con un alza del 13,5% (de $16.173 a $18.355).

Resulta particularmente alarmante que el informe destaca que los precios subieron más en los barrios de nivel socioeconómico bajo, donde la variación alcanzó el 12,5%. En contraste, los comercios en barrios de clase media registraron un 10,5%, mientras que en las zonas de mejor posición económica la suba fue menor, situándose en el 9,5%.

Frente al avance de la carne vacuna, los productos sustitutos mostraron comportamientos más moderados, aunque también al alza. El precio del pollo subió un 1,2% en diciembre respecto a noviembre, acumulando un 24,6% anual, cifra que se mantiene por debajo de la inflación general. Por su parte, el pechito de cerdo se incrementó un 5,2% mensual y un 21,6% en el acumulado anual, representando una opción menos costosa en comparación con el impacto que el sector vacuno ha impreso sobre el presupuesto familiar.

 
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