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El Vaticano ha intensificado en los últimos días sus llamados a la paz en medio del conflicto internacional, en una postura que lo coloca cada vez más en tensión con la Casa Blanca. El escenario adquiere una dimensión particular debido a que el actual pontífice, León XIV, es el primer Papa estadounidense, una condición que ha llevado a la Santa Sede a intentar evitar un choque directo con el gobierno de Donald Trump desde el inicio de su pontificado, hace diez meses.

Sin embargo, la preocupación del Vaticano no se limita a la dimensión geopolítica del conflicto. En Roma se observa con creciente inquietud un elemento que, aunque no ocupa el centro del debate público, comienza a adquirir relevancia: el riesgo de que la guerra sea presentada como un enfrentamiento religioso.

Esta percepción se ha visto reforzada por una serie de gestos y discursos que combinan elementos políticos y religiosos. Entre ellos, la imagen difundida el jueves pasado en la que Trump aparece en el Despacho Oval rodeado de predicadores evangélicos, un gesto que para el Vaticano introduce un componente religioso inédito en la forma en que Estados Unidos ha presentado sus intervenciones en el extranjero.

La retórica religiosa en la política estadounidense

El episodio no surge de manera aislada. Se inscribe en una retórica religiosa creciente dentro de sectores del gobierno estadounidense, especialmente entre figuras vinculadas al ala más conservadora. Entre los casos mencionados se encuentra el secretario de Defensa, Pete Hegseth, exmilitar que combatió en Irak y Afganistán y que posee tatuajes relacionados con las cruzadas. En una entrevista concedida el domingo, Hegseth destacó el valor de la fe cristiana en el contexto de la guerra.

A esta postura se sumaron declaraciones del vocero republicano en el Congreso, Mike Johnson, quien la semana pasada afirmó que Irán tiene "una religión equivocada".

Para la Santa Sede, este tipo de afirmaciones contribuye a profundizar un conflicto ideológico más amplio entre Roma y Washington. En el Vaticano se percibe una deriva del cristianismo ultraconservador que aspira a presentarse como la "fe verdadera", en contraste con la preocupación del Papa por lo que considera una apropiación política del mensaje cristiano desde sectores de extrema derecha.

La advertencia del Papa sobre los extremismos

La preocupación del pontífice por este fenómeno no es reciente. Según confirmó el Vaticano, León XIV ya había advertido en noviembre pasado a los obispos españoles sobre lo que definió como "el riesgo de manipulación de los extremismos". En su intervención del domingo desde la ventana del Palacio Apostólico, antes del rezo del Ángelus, el Papa reiteró su mensaje de paz y evitó cualquier referencia directa a actores específicos del conflicto.

Durante su reflexión, afirmó: "No es tiempo de oposiciones entre un templo y otro, entre nosotros y los otros; los adoradores que Dios busca son hombres y mujeres de paz". En el saludo posterior, el pontífice —cuyo nombre civil es Robert Prevost— expresó su "profunda consternación" por las noticias provenientes de Irán y Medio Oriente.

El Papa advirtió además sobre los riesgos de una escalada regional:

Ampliación del conflicto armado.

Expansión de la inestabilidad en Medio Oriente.

Posible impacto en países de la región como Líbano.

El Pontífice recordó que visitó Líbano hace tres meses, país donde reside la mayor comunidad cristiana de la región. En ese contexto, concluyó con un llamado explícito a la paz: "Que cese el estruendo de las bombas, callen las armas y se abra un espacio de diálogo en el que se puedan escuchar las voces de los pueblos".

La condena explícita de la guerra

El Vaticano no ha evitado señalar con claridad los hechos que considera especialmente graves. El diario oficial de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, publicó en su portada del viernes una imagen aérea de fosas cavadas para enterrar a 180 menores muertos en el bombardeo de una escuela infantil en Irán.

La fotografía fue acompañada por el titular "El rostro de la guerra", en una señal clara de la postura crítica del Vaticano ante los acontecimientos. Un día antes, el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, había condenado públicamente:

El concepto de guerra preventiva.

La demolición del derecho internacional.

Estas declaraciones reflejan una posición cada vez más explícita por parte de la Iglesia católica frente al desarrollo del conflicto.

Las críticas más directas desde la Iglesia estadounidense

Aunque el Papa ha intentado evitar un enfrentamiento directo con el gobierno estadounidense, las críticas más contundentes han surgido desde la propia jerarquía católica de Estados Unidos. El cardenal y arzobispo de Washington, Robert W. McElroy, cuestionó en una entrevista la legitimidad del ataque estadounidense contra Irán.

McElroy sostuvo que la decisión de declarar la guerra no cumple con los criterios de la doctrina católica sobre la "guerra justa", que establece las condiciones necesarias para considerar moralmente legítimo un conflicto armado.

Según explicó, existen tres criterios fundamentales:

Causa justa.

Intención correcta.

Que los beneficios de la guerra superen los daños causados.

A su juicio, el ataque estadounidense no satisface estas condiciones.

Indignación por la representación mediática de la guerra

Las críticas alcanzaron un tono aún más severo en la intervención del cardenal de Chicago, Blase J. Cupich, considerado cercano al Papa y referente del sector más progresista de la Iglesia estadounidense. Cupich reaccionó ante un video publicado en la cuenta oficial de la Casa Blanca en la red social X. El material intercalaba escenas de películas de acción con imágenes reales del ataque a Irán.

El cardenal calificó el video como "repugnante" y denunció la trivialización del sufrimiento humano. En su declaración señaló: "Una guerra real con muerte real y sufrimiento real, siendo tratada como si fuera un videojuego, es repugnante".

 

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