Este miércoles murió Chiche Gelblung, prestigioso periodista de 82 años, quien se encontraba internado de urgencia en la terapia intensiva del Sanatorio Mater Dei luego de sufrir una trombosis en el tobillo.
Durante su hospitalización le habían realizado un stent en una de sus piernas. Antes de este cuadro, había sufrido una caída hacía más de dos semanas a la que, según informó Pía Shaw, no le habría prestado atención. El periodista ya había atravesado una internación en abril de este año. Tras recibir el alta, había retomado inmediatamente su actividad y había expresado una frase que resumía, en buena medida, su relación con el trabajo: "Cansancio. Ya vine a trabajar. No tengo más remedio. Estoy perfecto. El reposo siempre es bueno. Siempre hay que trabajar lo menos posible, pero vengo igual".
Su muerte cierra una trayectoria de cinco décadas en el periodismo, atravesada por coberturas de todo tipo, investigaciones, televisión, radio y una personalidad que terminó convirtiéndose en una referencia inconfundible del oficio.
De Devoto a las grandes redacciones
Porteño del barrio de Devoto, cuando esa zona todavía estaba dominada por las grandes casonas, Samuel Gelblung nació el 7 de febrero de 1944, en el seno de una familia de clase media con fuertes inquietudes políticas de izquierda.
Su inclinación por la lectura y la escritura lo llevó a tener su primera oportunidad profesional cuando todavía tenía menos de 20 años. Fue en la revista Gente, de Editorial Atlántida, donde comenzó a formarse como periodista. Con poca formación académica, su verdadero aprendizaje se produjo dentro de las redacciones. El oficio lo llevó rápidamente a escenarios de enorme complejidad y tuvo una suerte de postgrado periodístico con una de sus primeras grandes coberturas.
A los 25 años, Gelblung cubrió la denominada "guerra de los seis días", conflicto que tuvo como protagonista a Israel y a varios de sus vecinos árabes: Egipto, Siria, Jordania e Irak.
Su personalidad, capacidad y creatividad para construir ejes noticiosos de impacto lo llevaron posteriormente a convertirse en jefe de redacción de Gente. En ese recorrido también quedó instalada una de sus máximas más conocidas: "Nunca dejes que la realidad te arruine una buena nota".
El propio Gelblung relató uno de los primeros episodios asociados a esa frase. Había viajado al Atolón de Mururoa, en el Pacífico, para cubrir una prueba nuclear que había matado a miles de peces. Sin embargo, llegó tarde y ya no encontró ninguno porque la marea se los había llevado.
Su solución fue tan polémica como característica de su estilo: "¿Cómo reproducís eso? Vas al mercado, comprás pescados y los tirás para hacer la foto".
La televisión como escenario para un estilo propio
Aunque siempre reconoció que el periodismo gráfico era el género que más le gustaba, su impronta terminó trascendiendo las páginas de las revistas y se volvió masiva a través de la televisión y la radio.
Su explosión en los medios audiovisuales llegó durante la década del 90, cuando comenzó a ocupar un lugar destacado en la televisión con un ciclo semanal que hizo historia: Memoria. El programa le permitió desarrollar investigaciones sobre asuntos misteriosos, extraños y bizarros. Entre ellas apareció la historia del parapsicólogo estafador Ricardo Gil Lecha, en una investigación que incluyó a un ilusionista presentado como "experto en engaños psíquicos" para demostrar las mentiras del parapsicólogo.
El estilo de Memoria resultó disruptivo. Los abordajes de los temas podían ser serios, pero los informes siempre incorporaban una segunda lectura. Allí aparecía una de las principales características de Gelblung: su capacidad para manejar la ironía como herramienta periodística y narrativa.
Con un temple de acero, analizaba los temas desde una mirada mordaz y solía llegar a conclusiones que podían incomodar, sorprender o provocar.
Ese registro también dejó escenas que quedaron en el recuerdo, como el montaje de una "autopsia" a un extraterrestre destinada a desmentir el caso Roswell.
70.20.10 y la continuidad de una fórmula
La impronta construida a lo largo de los años también volvió a manifestarse en otros ciclos televisivos. Uno de ellos fue 70.20.10, que permaneció en la pantalla de eltrece desde 2009 hasta 2013 y luego continuó en El Nueve.
La televisión encontró en Gelblung una figura capaz de combinar investigación, información, impacto y una mirada particular sobre los acontecimientos. Su recorrido audiovisual no significó el abandono de las herramientas adquiridas en las redacciones, sino la adaptación de ese estilo a nuevos formatos.
La creatividad para encontrar un eje noticioso, el interés por situaciones singulares y la utilización de la ironía permanecieron como elementos centrales de su manera de comunicar.
La guerra de Ucrania: a los 78 años volvió al frente
Una de las últimas grandes coberturas que marcaron su trayectoria tuvo lugar en Ucrania, después de que Rusia invadiera ese país el 24 de febrero de 2022, desencadenando una guerra entre ambas naciones.
Gelblung sintió que debía cubrir el conflicto bélico y, el 2 de marzo de ese año, llegó a tierras ucranianas. Tenía entonces 78 años y, cuando Crónica TV, medio para el que trabajaba en ese momento, decidió enviarlo, dejó clara su posición: "No tengo miedo", aseguró.
El viaje hacia la zona de conflicto se realizó por tierra. Después de recorrer durante varias horas las rutas polacas, el equipo llegó a la frontera con Ucrania. Desde allí, Gelblung volvió a reflexionar sobre las particularidades del trabajo periodístico en escenarios extremos y sobre las distintas dimensiones que puede presentar una guerra.
"En el fondo, todas las coberturas son iguales, porque hay realidades tan disímiles... Mirá, acá estamos a metros de la guerra y, sin embargo, parece una ruta normal. Y un poco más allá se están matando. Es difícil, la guerra tiene muchas realidades", reflexionó al aire en aquel momento.
La cobertura dejó también una de las imágenes que más se viralizó durante su presencia en Ucrania: soldados ucranianos lo confundieron con un refugiado y le ofrecieron comida para que no pasara frío.
Cinco décadas de un estilo imposible de confundir
La trayectoria de Chiche Gelblung estuvo marcada por una constante: la búsqueda de una manera propia de contar las historias. Desde sus primeros años en las redacciones hasta sus coberturas internacionales y sus programas de televisión, su personalidad se convirtió en una parte inseparable de su trabajo.
Su recorrido incluyó el periodismo gráfico, género al que siempre manifestó especial predilección, pero también la televisión y la radio. Pasó por investigaciones sobre personajes y fenómenos extraños, coberturas de conflictos bélicos y acontecimientos que exigían trasladarse hasta el lugar de los hechos.
